Cuento romántico

¿Recuerdas cuando nos conocimos? La forma en que nos sonrojamos al chocar en esa cafetería.

¿Nuestra primera cita? Me mataste con la carita triste que pusiste cuando se te cayó el helado. Y con tu cara de felicidad cuando te di del mío.

¿Y nuestro primer beso? Si he de sincerarme debo confesar que temí que te resistirías. No creí gustarte yo también.

¿Recuerda el día que nos mudamos juntos? Tú querías vivir en el centro, yo quería vivir en las afueras. Querías una casa, a mí me bastaba un departamento. Querías pintar las paredes color salmón y yo color verde. Al final terminamos en esa vecindad gris, pero éramos felices tan sólo con el hecho de tenernos el uno al otro.

¿Cómo fue que terminó todo? ¿Cómo es que el amor se convirtió en costumbre, en obligación en rencor?

La verdad es que yo nunca dejé de amarte como el primer día. Nunca quise que te abrumaras, que te alejaras, que te fueras. Si he sido asfixiante es por lo que siempre sentí. Por lo que siempre sentiré. Sólo quería ser feliz contigo.

Es por eso que nunca te dejaré ir. En adelante estarás siempre aquí, conmigo.

Dicho esto, vertió la última palada de tierra sobre la discreta tumba que cavó durante la noche en su recámara. Tras recolocar la loseta aún les esperarían muchos años de felicidad juntos.

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