Mitos que te inculca la sociedad

En algún lado leí sobre un interesante experimento social realizado con simios. En lo alto de un poste en medio de la jaula de los simios se colocó una fruta. Pero cuando alguno de los simios trataba de tomarla, se activaban unos aspersores que empapaban a todos los changos de la jaula, con lo que los monos aprendieron a no tomar la fruta.

Más tarde cambiaron a uno de los simios por uno nuevo. Este simio al ver la fruta trataba de tomarla, pero los otros primates se lo impedían violentamente hasta que el nuevo chango dejaba de tratar de alcanzarla. Uno por uno fueron sustituyendo a los simios y cada uno era acondicionado por los demás para no tomar la fruta.

Al final del experimento todos los monos habían sido sustituidos. Aunque ninguno de ellos había sufrido el castigo por tratar de tomar la fruta, impedían que los simios nuevos trataran de hacerlo sin saber por qué.

Los seres humanos también somos primates y compartimos muchos comportamientos con los monos (y otros mamíferos). Pero entre humanos la interacción social es más complicada y tenemos que cumplir con más reglas que forman el no escrito “código social” independientemente de que estas reglas sean útiles y correctas o una completa estupidez.

A continuación enumeraré algunas de las creencias estúpidas que tenemos que acatar para que los vecinos no nos miren feo, nuestros compañeros de escuela no nos escupan y nuestros padres no nos nieguen.

Mito:

Las drogas son cosa de muertos de hambre y gente malvada. Si un día te drogas tu vida se arruina y la próxima semana estarás viviendo en la calle comiendo basura o asaltando.

Verdad:

No todas las drogas son igual de destructivas. Incluso hay algunas que puedes consumir toda la vida sin efectos graves. Sin embargo, algunas en efecto son sumamente adictivas y cuando te enganches mermarán tu salud, economía y vida social.

El alcohol y el tabaco no están satanizados por la sociedad, pero producen más muertes que la guerra y el hambre.

A pesar de los prejuicios, gran porcentaje de la población ha consumido o consume alguna droga, incluyendo a gente que admiras o respetas como tus padres y maestros, los cual tiene que ver con el siguiente mito:

Mito:

Tus padres son buenas personas.

Realidad:

Lo más seguro es que ames a tus padres, sin embargo ellos son personas normales con virtudes y defectos como toda la gente. Ellos también han tenido o tienen alguno o varios de los siguientes hábitos: adicciones, sexo extramarital, malas calificaciones en la escuela, vandalismo, comisión de infracciones y delitos, parafilias, crueldad con los animales, bullying, mala ortografía y muchos más.

Lo mismo aplica a tus profesores, al cura de tu parroquia y a todo el mundo. Pero en fin, si los admiras o respetas seguramente será por alguna buena razón.

Mito:

El sexo es malo.

Siempre nos han inculcado (sobre todo a las mujeres) que el sexo es malo. Es malo hacerlo con un(a) amigo(a), es malo hacerlo sin amor, es malo hacerlo con alguien de tu mismo sexo, es malo hacerlo con alguien que no sea tu esposo(a), es malo hacerlo con diferentes personas y es ilegal con un(a) menor de edad.

Realidad:

En la antigüedad tenía sentido limitar el número de parejas sexuales para evitar los nacimientos indeseados y evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Ahora contamos con métodos para tener sexo seguro, sin embargo aún se tiene que hacer a escondidas procurando que no se enteren nuestros padres, vecinos y profesores (lee de nuevo lo del experimento con simios).

Tras décadas de lucha por los derechos e igualdad de la mujer aún se sigue tachando de zorras a las féminas que disfrutan de una vida sexual activa y celebrando a los varones que logran acostarse con ellas. ¿Tiene eso lógica?

No veo nada de malo en disfrutar de una demostración de amor físico responsablemente con alguien a quien respetas y deseas si el sentimiento es mutuo.

Eso sí, tener relaciones promiscuas sin protección es un atentado contra toda la humanidad, seas hombre o mujer; hetero, homo o bisexual.

Mito:

Hay que bañarse.

Realidad:

Esteee… La verdad es que me molesta mucho el olor a macho. Mejor sí báñate.

Mito:

Es bueno ser borrego.

Es malo cuestionar los valores y creencias predicados por la sociedad.

Es pecado preguntarte si en verdad existe Dios o si la religión a la que perteneces es la correcta.

Es malo verte diferente de los demás, usar ropa distinta, hacerte perforaciones y tatuajes, pintarte el pelo de colores antinaturales, usar el cabello largo si eres hombre, vestirte de negro.

Es malo escuchar música con temas subversivos, o ruidosa.

Es malo que pasen sexo en la tele, pero es aceptable que pongan violencia.

Es malo que le vayas a otro equipo de futbol, que pertenezcas a otra religión, que votes por otro partido, que no te guste Chespirito, que leas libros.

Es antisocial usar palabras cultas, conocer poemas, hablar de filosofía, hacer arte.

Y si estás entre góticos, metaleros o hipsters es todo lo contrario (está mal escuchar música de moda, ver el futbol, ir a la iglesia).

Realidad:

Tu derecho llega hasta donde empieza el de los demás. Mientras no hagas daño a alguien, no tienes por qué pedir la opinión de otros si quieres escuchar metal hoy y cumbias mañana.

No se trata de ser igual o diferente a la sociedad, lo importante es ser uno mismo.

 

 

Epílogo, conclusión, remate o comentario final, no sé…

Pinche sociedad. Pero hay que cumplir con la mayoría de sus reglas para pertenecer y seguir siendo humano. O al menos fingir, como hace la mayoría de la gente. Pura putrefacción e hipocresía.

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